Seamos sinceros, el buen tiempo, el sol que aprieta y las ganas de pasear y sentarnos en una terraza a absorber los rayos de don Lorenzo nos inundan. Pero… ¿y qué pasa con la piel que lleva todo el invierno sin que nos preocupemos de lo dañina que es la radiación Ultravioleta (UV)? Lo ideal y correcto hubiera sido protegerla durante todo el año, así que, para los que hayan llevado este ritual a rajatabla, un 10. Para el resto vamos a ponernos manos a la obra!

  1. Exfóliate para conseguir eliminar las células muertas y desobstruir los poros de grasa e impurezas de la piel, a la par que obtendrá un aspecto más flexible y luminoso. Piensa que, de esta manera ayudas a la piel a que tenga mejor predisposición a los productos que te apliques después, ya que, además de todo esto, activas la micro circulación.
  2. Hidratación desde las capas más internas de la piel. Será bueno coger la rutina de empezar a aplicarnos un sérum antes que la crema. Los sérums, al tener una mayor concentración de activos, ofrecen resultados visibles más rápido que las cremas. Existen muchos tipos de sérums para abarcar distintos “problemillas” de la piel. Los hay con Vitamina C, antioxidantes y ácido hialurónico. Después del sérum se debe aplicar la crema hidratante. Al fin y al cabo, con estos dos productos, podemos personalizar el tratamiento que más nos convenga.
  3. Protección solar. Ya con la piel limpia, nutrida e hidratada, debemos tener claro que este punto es la clave para el cuidado de la piel en el verano. Nos sabemos, de memoria, la teoría de la importancia de este paso. Pero… ¿realmente somos del todo conscientes? Vamos a ver si terminamos de mentalizarnos del todo…

La exposición solar sin protección o excesiva puede causar quemaduras, arrugas, degeneración cutánea o incluso, cáncer de piel.

En España se estima que hay unos 4000 casos de cáncer de piel al año… se dice rápido, ¿no? Pero, ¡ojo! Con una buena protección, esa incidencia disminuye hasta un 80%. Debemos tener claros unos conceptos sobre la fotoprotección. A groso modo, vamos a separarla en filtro físico, que refleja la radiación nociva (luz) y el filtro químico, que absorbe la energía nociva para la piel y la transforma en otra energía no nociva.

El Factor de Protección Solar (FPS) nos indica el número de veces que el fotoprotector aumenta la capacidad de defensa natural de la piel frente al eritema o enrojecimiento previo a la quemadura, por lo que nos está dando información sobre la protección frente al UVB. Dicho de manera práctica, con un SPF50, tardaremos 50 veces más en quemarnos que sin él. Así que, el fotoprotector no impide el bronceado, sino que aparte de darle ese tono que todos anhelamos, nos brinda seguridad y un efecto más duradero.

¿Qué fotoprotección elijo? Tenemos la gran suerte que en el mercado existen inmensidad de tipos. La preferencias dependerán del fototipo de la piel, la textura que deseemos del producto, la composición de la crema, si queremos o no color…

¿Cómo se aplica el fotoprotector? Extiende los dedos índice y medio. ¿Ya? Aplicamos una gotita en cada una de las separaciones de las falanges. Mezclamos y aplicamos en el rostro con un suave masaje hasta su completa absorción. Hay que ser constantes y repetir la aplicación cada dos horas, y, aunque ponga que es resistente al agua, si nos bañamos, se aconseja aplicarlo cada hora y media.

No quiero olvidarme de hacer un par de referencias a la nutricosmética solar. Con ella conseguimos evitar el daño celular desde el interior gracias a sus propiedades antioxidantes. Este complemento nos ofrece una protección extra frente a las quemaduras solares, incrementan la cantidad de melanina y reducen el número de células perjudicadas por el sol.

No dudes en acudir a la farmacia y, sobretodo, fiarte del consejo de tu farmacéutico!